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ATENCION PLENA

20/11/2013

La Conciencia Plena es un tipo de energia que nos ayuda a reconocer y a apreciar las cosas que nos rodean. 

Muy a menudo, estamos en las preocupaciones y en las dificultades que nuestra via y en especial estos momentos, que no nos damos cuenta deel desplegar diario de esta VIDA. 

La conciencia PLENA es la práctica de la meditación de nuestra vida cotidiana.

Cuando nos damos cuenta de que nuestra mente divaga y de que hemos perdido el contacto con nuestro cuerpo y con el momento presente podemos detenernos unos instantes y respirar tres veces con calma y profundidad.

La practica de las tres respiraciones

A veces, las técnicas más sencillas son también las más eficaces. Claro está que, a todas las técnicas, se les puede dar un mal uso. También podemos perdernos en la técnica como fin en sí mismo y olvidarnos del marco global de la práctica. Sin embargo, es posible que, por un periodo muy largo, tengamos que concentrarnos en las técnicas. Después, de forma gradual, todas las técnicas validas tienden a disolverse dando lugar a la enseñanza que las anima como parte integrante de nuestra identidad.

LA PAUSA CONSCIENTE

Una técnica sencilla pero muy eficaz es aquella denominada de las “Tres Respiraciones”. Normalmente, hay muchos momentos a lo largo del día en los que volvemos a nosotros mismos: “despertamos”, es decir que, de repente, nos hallamos plenamente conscientes. Desafortunadamente, muy a menudo, estos momentos no duran más que unos pocos segundos; enseguida volvemos a un estado similar al sueño con los ojos abiertos del que no tenemos conciencia, perdidos en nuestros pensamientos o en nuestro drama personal. Si lo observamos directamente, nos damos cuenta de que esto es verdad. La práctica de las Tres Respiraciones nos ayuda a prolongar estos momentos de Plena Conciencia, no solamente durante una sesión concreta sino a lo largo de todo el día.

La práctica de las Tres Respiraciones consiste en introducir una pausa consciente en ese estado de sueño con los ojos abiertos, una pausa que dura tres respiraciones completas. Se hace de este modo: cada vez que nos volvemos conscientes durante un instante, formulamos la intención consciente de permanecer así, por lo menos, durante tres respiraciones completas. No hace falta concentrarse en la respiración, hay que llevar la atención a la experiencia global del momento, cualquiera que sea esta.

Por ejemplo, si  “despertamos” en un estado de impaciencia, no hay que tratar de volverse pacientes. Limitémonos a sentir. Se trata de sentir plenamente, de forma visceral, la experiencia del momento presente, con la paciencia incluida y todo lo demás. La consigna es “habitar” la experiencia a lo largo de tres respiraciones.

La práctica de las Tres Respiraciones ayuda a cultivar la nítida sensación del “estar aquí”. Intentemos este pequeño experimento: comencemos por prestar atención a nuestra respiración, percibiendo el frescor del aire que entra por la nariz. Permaneciendo con la sensación de la respiración, llevemos la atención a la experiencia global de nuestro cuerpo. Detengámonos en ello durante tres respiraciones completas con la mayor atención posible.

Una de las razones por las cuales la práctica de las Tres Respiraciones es tan útil es que no precisa de un esfuerzo intenso o prolongado. Es breve y es sencilla y se puede repetir muchas veces a lo largo del día, independientemente de nuestro estado de ánimo. De hecho, intentar embarcarnos en este ejercicio puede sernos útil tanto si estamos felices y despreocupados  o bajos de moral.

Todos sabemos que el mero deseo de estar despiertos no es suficiente; las fuerzas que rigen el sueño son poderosas e infatigables. No obstante, esta sencilla práctica que no presenta dificultades puede ayudarnos a introducir momentos de claridad y presencia en las habituales nieblas del sueño con los ojos abiertos que experimentamos. Reposemos en el presente y recordémonos  de percibir lo que nos ocurre a lo largo de tres respiraciones completas.

ESTAR CON EL MALESTAR

Otra aplicación muy interesante y eficaz de la práctica de las Tres Respiraciones se da cuando estamos sumergidos en una experiencia dolorosa y angustiante. Habitualmente, es muy difícil permanecer despiertos en esos momentos puesto que tenemos una repulsión natural hacia el malestar. Pero, con la ayuda de la práctica de las Tres Respiraciones, es posible pactar con las resistencias del yo, diciéndole que nos quedaremos con el malestar sólo durante tres respiraciones. El yo está dispuesto a este compromiso porque conserva la ilusión de control, ya que este es su objetivo principal. De este modo, la práctica consiste en decirle a la mente que sentiremos malestar a lo largo de tres respiraciones completas y que, después, decidiremos a qué prestar atención. Tened la certeza de no romper este pacto: tras esas tres respiraciones la mente se deslizará hacia sus distracciones habituales. A continuación, al cabo de un rato, volvamos a proponer el mismo acuerdo, sintiendo el malestar a lo largo de tres respiraciones más.

La cosa sorprendente de esta peculiar aplicación de la práctica de las Tres Respiraciones es la rápida sumisión del yo. A menudo, es nuestra propia resistencia la que hace las experiencias difíciles, más difíciles todavía. Pero, cuando esta se disuelve, se ve claramente que, aquello a lo que resistíamos no era más que la serie de pensamientos de los que estamos convencidos acompañados, a veces, de sensaciones físicas intensas. Más entramos _de forma deliberada_, en relación con estos momentos de sufrimiento, más comprendemos que el rechazar la experiencia es más doloroso que sentirla con plenitud. Aprendamos esta lección fundamental, al ritmo de las tres respiraciones. 

HÁBITOS COMPULSIVOS

Un último uso de la práctica de las Tres Respiraciones se da cuando nos dejamos llevar por nuestros hábitos compulsivos como: soñar con los ojos abiertos, navegar por internet o estar muy ocupados. Estas tendencias son a menudo muy seductoras y, por norma, tenemos poco interés en abandonarlas. Pero, tal como decíamos con el malestar, es posible pactar con el yo (que en este caso se presenta como una mente compulsiva) acordando volver a la realidad solo durante tres respiraciones y después, regresar a nuestro comportamiento habitual.

Pongamos, por ejemplo, que estéis sentados ante el ordenador, pasando de una cosa a otra, distraídamente y engañando el tiempo con actividades compulsivas. Quizás, os despertéis por un instante y os déis cuenta de lo que estáis haciendo. No sería real creer que sencillamente podéis deteneros y levantaros de la silla: sabemos que los hábitos compulsivos son reacios a la razón y a la autodisciplina. Pero algo que la mente compulsiva podría estar dispuesta a hacer es darse una pausa de tres respiraciones, sobre todo porque sabe que enseguida podrá volver a su tarea.

Experimentemos plenamente del hábito compulsivo a lo largo de tres respiraciones. Se trata de una experiencia física que implica una sensación de aceleración y de energía en el cuerpo. La idea no es la de quebrar el hábito compulsivo sino de percibir el malestar que motiva el hábito compulsivo. Tras las tres respiraciones os permitiréis volver al estado habitual de sueño con los ojos abiertos. Después, tras un rato, volved a plantearos el mismo acuerdo. Y así sucesivamente. Entonces, tras haberlo hecho varias veces, podríais descubrir que los circuitos del poder seductor del hábito compulsivo se rompen espontáneamente.  

 

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